na sua mesa: Cabo de Gata

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Siempre es un buen momento para escaparse, todavía más si se escapa uno a Cabo de Gata.

Mis recuerdos más felices han sido allí y vuelven siempre cuando menos lo espero:
El día que fuimos a Las Negras a tomar cañas y tapas en un chiringuito y Trini descubrió la playa: estuvo horas y horas corriendo en círculos.
Cada vez que hemos ido a Cactus Níjar y he llenado el coche de las plantas y macetas más bonitas que hay en casa.
Las fiestas de verano en San José, que es como volver a “Verano azul”.
La Playa de los Muertos toda para nosotras, con sus piedras de confetti y su agua turquesa.
Perderse por las carreteras de tierra roja y cuando descubres El Cortijo del Fraile sentir que estás tocando a Lorca.
Volver siempre al Molino de Fernán Pérez, nuestra casa en el cabo.
Llegar al Bar de Jo, que es como teletransportarse a Arizona.
El dĂ­a que fuimos a leer a la Cala de la Media Luna y habĂ­a musgo en la orilla (y a la vuelta descubrimos la playa de Indiana Jones).

Y siempre, siempre, comer cazĂłn en adobo en esa terraza alta que da al mar en la Isleta del Moro.

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na sua mesa: BerlĂ­n

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Aunque pretendo volver mucho y muy pronto, nunca había estado en Berlín antes del octubre pasado. No lo he visto nevado, ni renaciendo en primavera, ni con los parques llenos de gente haciendo picnics veraniegos. Pero dudo que pueda ser más bonito que en otoño con todos esos tonos de ocre.

Para ser honesta, Berlín no me recibió muy bien. Yo, con mi afán de andar sin rumbo (y con muy poco tino) me fui a pasear una tarde de frío, viento y lluvia por la zona más fea de toda la ciudad sin ser consciente todavía de que las distancias son realmente tan grandes como todos te las pintan… Por eso al día siguiente no me anduve con tonterías y fui directamente a Hallesches Haus a desayunar. Fin de las tonterías :)

Durante toda la semana me dediqué a recorrer Berlín con fruición. Museos, tiendas, bares y cementerios, es que no se me resistió nada. Con Pol descubrí una antigua zona industrial reconvertida en rastro. Con Jen, Daniel y Holmes di un paseo dominguero a bordo de su Opayayo, el coche más guay de Berlín. Y con Marina descubrí el Bauhaus Archiv, para llorar una vez más por no haber vivido en los ’20 del XX.

La última noche estuvimos en un restaurante de comida típica alemana y Jen pidió flammkuchen. ¡Mein gott qué descubrimiento! Me encantó tanto que conseguí que Mery y Mili de Hinojo lo preparasen el otro día. Os dejo la receta para que la practiquéis con una buena cervecita entre manos.

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Receta de Flammkuchen

Para 4 personas.

Ingredientes para la masa

âś“ 1/2 taza de agua a temperatura ambiente

âś“ 1/4 cucharaditas de levadura en polvo

âś“ 1 cucharadita de azĂşcar

âś“ 1/4 taza de harina de fuerza

âś“ 1 cucharadita de sal

âś“ 1/8 taza de yogur griego

âś“ 1/2 cucharada de aceite de oliva

Ingredientes para la salsa blanca

âś“ 1/2 taza de requesĂłn

âś“ 1/2 taza de crema agria

âś“ 1 cucharada de harina

âś“ 1/2 cucharadita de sal

âś“ 1/2 cucharadita de pimienta

âś“ 1 cucharada de cebollino picado

Ingredientes para el topping

âś“ 1 cebolla cortada finita

âś“ 1/2 taza de queso gruyere rallado

âś“ 1 cucharada de cebollino picado

PreparaciĂłn

– Vamos a empezar haciendo la masa. En el bol de la batidora mezclamos el agua, la levadura y una pizca del azĂşcar y dejamos reposar unos 10-15 minutos, hasta que la levadura empiece a burbujear.

– Añadimos el resto del azĂşcar, 1/2 taza de harina, la sal, el yogur griego y el aceite de oliva y batimos hasta que se integren bien todos los ingredientes. Vamos añadiendo poco a poco el resto de la harina y dejamos amasando en la batidora 8 minutos más, hasta que nos quede una masa pegajosa pero que se pueda coger con las manos. Pasamos la masa a un bol engrasado con un poco de aceite de oliva, tapamos con papel film y dejamos leudar en un lugar cálido hasta que duplique su tamaño, más o menos 1 hora.

– Aprovechando que la masa esta leudando vamos a dorar la cebolla. Calentamos en chorrito de aceite de oliva en una sartĂ©n, a fuego bajo, añadimos la cebolla y una pizca de sal y cocinamos unos 15 minutos. Cuando estĂ© hecha la dejamos a un lado.

– Cuando nuestra masa haya duplicado su tamaño la estiramos con las manos sobre una placa de horno forrada con papel. La horneamos a 200 ÂşC hasta que se dore ligeramente, unos 20 minutos.

– Mientras, vamos a preparar la salsa blanca. En el vaso de la minipimer ponemos todos los ingredientes y procesamos hasta que nos quede una salsa uniforme.

– Cuando estĂ© la masa la sacamos del horno, repartimos la salsa blanca por encima, añadimos la cebolla y el queso gruyere y volvemos a meterla en el horno hasta que se funda el queso. La sacamos del horno, añadimos el cebollino picado por encima, la cortamos…

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…y la disfrutamos :)

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