The last ones: la importancia del trabajo en equipo

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Los que no seáis de Barcelona quizá no sabéis que el mes de agosto es muy importante para la gente del barrio de Gracia. A partir de principios de mes, el barrio se empieza a engalanar con las decoraciones que los vecinos de cada calle han ido creando a lo largo del año. Bajo temáticas diversas, la gran mayoría de las calles que participan en el concurso se visten de materiales reciclados y los resultados son maravillosos. Un día antes del inicio de las fiestas se suelen anunciar la calle ganadora y el resto de premios.

A pesar de ser un tema controvertido (sé que hay muchos vecinos que no soportan las fiestas porque destacan lo negativo: ruido hasta altas horas, suciedad, aglomeraciones…) yo soy vecina del barrio y puedo asegurar que no hay fiestas en esta ciudad como las del barrio de Gracia. Valen mucho la pena.

Por eso hoy quería compartir con vosotros este magnífico documental de la productora El Cangrejo, en el que se cuenta la historia de los vecinos de la calle Puigmartí que, al quedar últimos durante dos años seguidos, se esfuerzan como nadie para que no vuelva a suceder. El documental es una joya: tierno, divertido, cercano y espontáneo y, además, potencia valores como el trabajo en equipo y el sentimiento de comunidad.

 

 

¡Si os ha gustado el tráiler no os perdáis el documental entero! Es de lagrimita.

Este año ya están empezando a montarlo todo y no puedo evitar sonreír cada vez que me cruzo por la calle con alguna de las personas que aparecen en el documental. No voy a estar durante las fiestas y me da mucha pena perdérmelo, pero antes de irme ya estará todo montado y espero poder hacer muchas fotos.

La festa: Gràcia!

PD: El Cangrejo también son los responsables de L’equip petit, que no me cansaré de ver nunca, nunca : )

Tender a subir y subir a tender

A pesar de arriesgarme a sonar ridícula, subir a tender la colada es mi momento zen de la semana. El olor a limpio, el sol que me calienta la nuca y la luz que lo ilumina todo. Me encanta.

Siempre le dedico un rato más largo de lo que debería a ver cómo bailan las camisetas al son que les marca el viento. Desde ahí arriba me gusta la sensación de tener otro punto de vista sobre la ciudad y sobre todo en general. Qué pequeños se ven el campanario de la plaza a un lado y el Tibidabo al otro.

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Me paro a pensar qué harán todas las personas que viven dentro de esas casas. Si serán felices, si tendrán planes de futuro, si buscarán trabajo. Fantaseo con vivir en uno de esos áticos afortunados, con terraza generosa, donde podría tener plantitas y un conjunto de sillas y mesa para sentar a los amigos, que vendrían día sí día también.

Al fin y al cabo, de momento soñar es gratis…