El universo Kinfolk

Descubrí Kinfolk el pasado verano, en una de esas tardes en las que pensé que solo iba a entrar un minuto en Pinterest para inspirarme un poco. Error, no existe el concepto “un minuto en Pinterest”.

Me llamaron la atención varias fotografías que tenían algo común: todas retrataban reuniones entre amigos alrededor de una mesa. Esas fotos reflejaban las caras de felicidad de quienes estaban sentados y compartían, no solo la comida, sino también las risas y los buenos momentos de un modo sencillo, intimista.

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Rápidamente me puse a investigar qué se escondía detrás de estas fotografías y descubrí que se trataba de una revista trimestral, elaborada por distintos artistas, donde lo más importante eran los pequeños momentos compartidos. Saborear los encuentros con los amigos y la familia, sin prisas, o encontrar la belleza en lo cotidiano, todo ello ilustrado por fotografías en las que te gustaría perderte, por su luz y su delicadeza.

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En Kinfolk trabajan talentos como Amanda Jane Jones o la pareja Andrew y Carissa Gallo, que tienen un gusto exquisito y refinado y que son una fuente de inspiración continua.

Además de la revista y el blog, organizan eventos donde poder conocer a personas que comparten aficiones que requieran tiempo, dedicación y cariño, como la culinaria o la jardinería.  Personas que también son seguidoras de la revista y de su particular universo.

Sin ir más lejos, a finales del mes pasado organizaron un taller y cena de manera simultánea en diferentes ciudades (Madrid y Lisboa, entre muchas otras) al que dieron el nombre de Flower potluck. Este evento consistía en celebrar la llegada de la primavera del mejor modo posible: recogiendo flores, elaborando ramilletes y compartiendo anécdotas y planes alrededor de una mesa con deliciosa comida.

Una pena no haber podido ir…

* Todas las fotos son extraídas de la galería de su página web.

Un buen vino con una buena etiqueta

A mi padre le fascina el vino. No solo beberlo, sino todo lo que está relacionado con la enología. Durante años, con mucha paciencia, ha ido introduciéndome en esta tradición tan mediterránea de saborear una copa y aprender a distinguir algún que otro matiz.

Viñedos singulares

No le fue fácil, pero a día de hoy ya puedo decir que disfruto bebiendo vino. Sin embargo, lo que a mí más me ha llamado la atención desde el principio han sido las etiquetas en las que se leía el nombre, la añada, el origen o la variedad de la uva.

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Les cousins vía La vinatería

Sin ser entendida ni en enología ni en branding, no he podido evitar enamorarme perdidamente de las etiquetas más originales, las que tienen diseños frescos y elaborados.

El dicho inglés lo advierte: never judge a book by its cover peeeero a veces es imposible hacerle caso :)

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El hombre bala vía Tome Vinos

Realmente, si el packaging que adorna la botella es tan bonito, es muy difícil no dejarse seducir por el producto.

Meteor Merlot vía Lovely Package

Las etiquetas coloridas, minimalistas, o con un toque naíf son mis favoritas. ¿Y las vuestras?