Ling o el buen diseño editorial

Las revistas de a bordo, las que te encuentras en los bolsillitos de los asientos de los aviones, suelen ser densas y aburridas. Además, están plagadas de publicidad de lujosos complejos hoteleros, casinos mastodónticos o campos de golf que se encuentran en países donde a duras penas la mayoría de la población llega a fin de mes.

Ninguna de las revistas que había visto hasta la fecha durante mis vuelos me llamó nunca la atención, hasta que descubrí Ling, la revista de Vueling.

Portadas de enero y mayo de 2013

Un día subí al avión, sonreí a la azafata, intenté no matar a nadie al colocar mi maleta en el portaequipajes, me senté y eché un vistazo a la revista de turno para entretenerme. Y ahí estaba ella. Lo primero que me llamó la atención fue la foto de la portada: original, fresca, con colores intensos, de calidad. A partir de entonces le declaré amor eterno.

La revista, de la editora Brand & Roses, creadores de la también magnífica Yorokobu, es una verdadera delicia. Está enfocada a un público (de espíritu) joven, cosmopolita, al que le encanta viajar y descubrir una nueva cara de las ciudades que visita. Pone mucho énfasis en el buen diseño editorial y la verdad es que todos los reportajes que me he leído me han parecido muy interesantes.

Portadas de mayo y diciembre de 2011

Algo que me llamó especialmente la atención fueron las ganas de interactuar con el pasajero. Hay una sección en la que, si no recuerdo mal, le proponen al lector que termine una historia que está medio empezada. Me pareció una idea genial, que te permitía conectar con la revista e incluso con otros pasajeros si la dejabas en el avión y otro lector se la encontraba.

Ejemplar de octubre de 2010

Para más inri todos los artículos están en español y en inglés, lo que hace que me pase el doble de rato leyéndolos para ver cómo están traducidos. Suerte que cuando termina el vuelo te puedes llevar el ejemplar a casa : )

¡Sí a los soplos de aire fresco como Ling!

Tender a subir y subir a tender

A pesar de arriesgarme a sonar ridícula, subir a tender la colada es mi momento zen de la semana. El olor a limpio, el sol que me calienta la nuca y la luz que lo ilumina todo. Me encanta.

Siempre le dedico un rato más largo de lo que debería a ver cómo bailan las camisetas al son que les marca el viento. Desde ahí arriba me gusta la sensación de tener otro punto de vista sobre la ciudad y sobre todo en general. Qué pequeños se ven el campanario de la plaza a un lado y el Tibidabo al otro.

instaterrat

Me paro a pensar qué harán todas las personas que viven dentro de esas casas. Si serán felices, si tendrán planes de futuro, si buscarán trabajo. Fantaseo con vivir en uno de esos áticos afortunados, con terraza generosa, donde podría tener plantitas y un conjunto de sillas y mesa para sentar a los amigos, que vendrían día sí día también.

Al fin y al cabo, de momento soñar es gratis…