Sobre la envidia y el síndrome del impostor

Marisa Hampe, Maldives | na sua lua

Ojo que hoy me pongo intensita y quien avisa no es traidor. Resulta que, mientras escribo este post, una de mis amigas (que no es la chica de la foto) está en Perú. Allí se casaba su hermano y hasta allí se han desplazado ella y su familia para asistir al bodorrio y también para descubrir un poco el país. Obviamente, mi amiga comparte momentos de su viaje en las redes sociales, casi a tiempo real: paisajes preciosos, animales que aquí ni siquiera existen, arquitectura distinta a la que estamos acostumbrados… y de entre todos los comentarios que recibe —la mayoría más que positivos, hay que decirlo— se cuelan los famosos “qué envidia”.

Hace tiempo que le voy dando vueltas a esta reacción que tenemos todos…

Marisa Hampe, Maldives | na sua lua

…la que tenemos cuando alguien a quien queremos o tenemos aprecio está en un lugar privilegiado o disfrutando más que nosotros. Le hacemos saber que nos da envidia, le soltamos que por qué no vuelve ya, que ya está bien, que qué suerte tiene… Y lo hacemos, en principio, de buena fe, sin querer herir, pero… ¿cómo se lo toma la otra persona?

Yo lo viví de cerca cuando me tocó el Gordo de irme a las Maldivas y tuve sentimientos encontrados. El primero y más fuerte: el síndrome del impostor. ¿Te ha pasado alguna vez? A mí varias, pero cuando el Club Med me invitó a su Instameet en las Maldivas lo sentí más que nunca. Obviamente el viajecito era una fábrica de dar envidia, me tenía envidia incluso a mí misma.

Al pasear por esas playas de ensueño no podía parar de preguntarme qué hacía yo allí, por qué me habían invitado a mí y no cualquier otro superinstagrammer con cientos de miles de seguidores… y es que era todo tan perfecto, tan insesperado, tan surrealista, que me superó. Y llámame susceptible, pero los comentarios esporádicos de “qué envidia” incrementaron ese síndrome mucho más.

Marisa Hampe, Maldives | na sua lua

Al final, me quité el síndrome de encima como pude y disfruté al máximo de la experiencia, ¡que me quiten lo bailao! :)

Moraleja del cuento y aprendizaje que hay que (intentar) aplicar: nada de sentirse impostora cuando en realidad no lo eres y nada de sentirse mal por los comentarios que pueda hacer la gente, lo más seguro es que no lo digan con mala intención y si lo hacen… peor para ellos.

¿Qué piensas tú del tema? ¿Te has sentido impostora alguna vez?

*Las fotos espectaculares que ilustran el post son las que hizo mi compañera Marisa Hampe los días en los que estuvimos en las Maldivas. ¿A que dan envidia? Ups…

2 Comentarios

  1. Sara Birds 25.01.2017

    De impostora nada de nada. Tienes una sensibilidad y un ojo como nadie, yo también querría invitarte a todas las aventuras si tuviera un super resort molón.


    • na sua lua 25.01.2017

      Ay Sara, qué ganas de que terminen tus #desertdiaries y nos podamos montar una escapadilla juntas!
      Gracias por pasarte por aquí :*


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